miércoles, 15 de abril de 2009

Es tiempo de cambio



Lloraba desconsoladamente. Y esas grandes lágrimas de desconsuelo caían lentamente a través de sus mejillas hasta perderse en algún lugar de su pecho. Lloraba como suelen hacerlo los niños, con la mayor de las aflicciones, como si el mundo estuviera a punto de acabarse. Como acompañamiento sonoro a tan triste estampa, sus roncos gemidos resonaban por toda la habitación. Lloraba y las lágrimas caían. Lloraba y estaba preciosa.

miércoles, 4 de febrero de 2009

"Ven a mi cama, duerme conmigo"



Ya lo decía Javier Ibarra: “mi canción es triste como una puta ranchera”.


Hoy he descubierto en un cajón del armario aquel jersey que usabas para ver las pelis de los domingos. He cogido ese jersey que olía a ti. Es curioso descubrir como un olor puede despertar tantas sensaciones y recuerdos que parecían olvidados. El olor familiar de ese jersey tuyo me ha recordado aquellas noches que nos quedábamos despiertos hasta las tantas intentando arreglar el mundo. Discutíamos sobre mil cosas para nunca ponernos de acuerdo, hasta que alguno de los dos, vencido y cansado, se iba a la cama.

He recordado eso y tantas otras cosas y no he podido evitar sentirme un poco triste, así que he colocado un disco en la mini cadena y me he dispuesto a escuchar una de mis canciones favoritas. La música ha sonado y por 3 minutos y medio, no me he acordado de ti y he sido el hombre más feliz del mundo.

He pensado que lo mejor es pasar página, olvidarme de ti, seguir con mi vida. De todas formas he dejado tu jersey de nuevo en el cajón para volver a la página de aquellas noches donde me decías: “ven a mi cama, duerme conmigo”.

viernes, 2 de enero de 2009

40 años cagando sangre

Todos lo veis, nos ha pillado el toro un año más
solo nos queda el cotillón, no hay marcha atrás
resignate, mismo lugar y misma gente
iluso yo, creí que sería diferente

40 pavos pagaremos este año
en Nochevieja escucharemos a Los Caños
niños borrachos, kanis drogados
vaya felpa nabos tonight...

Echo de menos aquellos tíos cojonudos
Diego, Linares y Chucho, con Gálvez, Huevo y Bermudo
al amanecer nos encontraremos en la churrería
no faltará el Pedro, el hijo del policía

40 pavos pagaremos este año
en Nochevieja escucharemos a Los Caños
niños borrachos, kanis drogados
vaya felpa nabos tonight...

"Pa" montar un puesto, en el bar trofeo
me voy con niño-bot, en el bar Pablo
la noche está perdida, está perdida
acabaremos todos en "cal" Matías






lunes, 8 de diciembre de 2008

Que canten los niños



Os pongo en contexto mis queridos drugos:

Era una fría noche otoñal de finales del mes de noviembre, más propia tal vez, del mes de enero por lo bajo de aquellas temperaturas. Encontrábanse ellos reunidos, y yo con ellos, en la cálida y acogedora estancia número 410, que si mal no recuerdo es mi habitación. Todos allí reunidos cantando en la más perfecta de las armonías. Ninguna voz discordaba de las del resto, ninguno se adelantaba en las frases a los demás y todos disfrutábamos en estado sumo elevando al cielo nuestras melodiosas voces. Nadie era consciente en aquel momento de júbilo de las fatídicas consecuencias que traería consigo aquel ratito de distracción y recreo que nos permitíamos entre horas y horas de tedioso estudio.

De repente, una ronca voz vociferante parecía salir de las entrañas de la tierra. Pero no eran ni más ni menos que los gritos de nuestro querido (hasta aquel momento) vecino aleas “El gordo” o “Berrendo” que vivía en la tercera planta, una por debajo de la nuestra. Cabe remarcar queridos drugos que no habían dado siquiera las 10 de la noche cuando todo esto ocurría. La conversación, que yo diría más bien monólogo, transcurrió en los siguientes términos:

- "¡Os queréis callar, me cago en la puta de oros! ¡Que me tenéis hasta la polla con las voces que estáis dando ostias! ¡Que hay gente que estudia cojones y estáis pegando voces cabrones!"

La música cesó al unísono. Salimos a la planta y algunos de mis compatriotas cantores intentaron entrar en razón al susodicho, pero éste se encontraba fuera de si y no atendía a razones. Juró que lo pagaríamos y que se nos iba a caer el pelo. Así pues, se quejó a la dirección del colegio y hoy, un parte de comportamiento ensucia nuestros, hasta ahora, impolutos expedientes colegiales.

Es una triste e irónica casualidad que la canción que cantábamos aquella noche no fuera otra que la famosa canción infantil “Que canten los niños”. Más tarde, pasado el altercado, me fijé en la letra de esta bonita canción y descubrí como algunos versos de ésta, relataban las más sinceras verdades y crueldades que imperan en este mundo. Muy sorprendido estaba de cuánto de verdad puede llegar a tener una canción infantil.

Ahora un austero cartel domina la vista de la cuarta planta derecha del Colegio Mayor Nuestra Señora de la Asunción. El cartel reza lo siguiente:




....................................


Que canten los niños, que alcen la voz
Que canten por esos que no cantarán
Porque han apagado su voz…


Aquella noche los niños cantaron y alzaron sus voces, pero una vez más la tiranía que domina este mundo inhumano volvió a apagar sus voces. Solo eran unos niños cantando, nada más. Expresar sus sentimientos y sus inquietudes mediante la música había sido su único y fatal delito.
Hoy, un silencio sepulcral domina esta planta porque los niños han dejado de cantar. Hoy los niños ya no alzan sus voces al cielo. Hoy más que nunca os pedimos encarecidamente que cantéis por aquellos que no cantarán porque hoy, nos han apagado la voz…



LOS CUCHARAS



..........................................







sábado, 8 de noviembre de 2008

Un buen día

A veces escucho una canción mil y una veces para poder extraer toda la sustancia que hay en ella. Soy como un exprimidor sacándole jugo a una naranja hasta dejarla seca y arrugada.

Hoy he sacado todo el jugo a “Un buen día” de Los Planetas. Una canción que a priori, ingenuo yo, creía que hablaba de costumbres rutinarias, con intrínsecos acordes que incitan a pensar cosas alegres. Y hoy, debido tal vez a mi estado de embriaguez, he descubierto muy a mi pesar y para mi grata sorpresa simultáneamente, que esta canción no hablaba de un buen día ni mucho menos. He descubierto que este pobre tío estaba pasando un día jodidamente jodido.

Y cuando he localizado las frases escondidas que escondían la clave de tal historia fatal, un escalofrío ha recorrido mi espalda y he sentido unas irremediables ganas de llorar. Yo, tan poco acostumbrado a empatizar con las historias amorosas y pasteleras que inundan el pop español, no he podido sino sonrojarme con una sensación tan poco propia del macho ibérico que creía que era.

Y no es que haya estado tan ciego, o mejor dicho tan sordo, para no fijarme en aquellas frases en las que el susodicho hacía referencia a su amor probablemente perdido, sino que hasta hoy no me había parado a pensar lo triste y amarga que es esta historia. Hoy ha caído sobre mi cabeza el cubo de agua fría mientras irónicamente mi cerveza estaba cada vez más caliente entre mis manos y he comprendido la verdadera naturaleza de esta puta ranchera que nos canta Jota cual mariachi abandonado.

En fin, hoy es unos de esos días tontos como dicen las chicas, en los que no sabes si reír a llorar. Hoy desde luego es un buen día…







Me he despertado casi a las diez
y me he quedado en la cama
más de tres cuartos de hora
y ha merecido la pena
ha entrado el sol por la ventana
y han brillado en el aire
algunas motas de polvo
he salido a la ventana
y hacía una estupenda mañana.
He bajado al bar para desayunar
y he leído en el marca
que se ha lesionado el niñato
y no me he acordado de ti
hasta pasado un buen rato.
Luego han venido estos por aquí
y nos hemos bajado
a tomarnos unas cañas
y me he reído con ellos.
He estado durmiendo hasta las seis
y después he leído
unos tebeos de spiderman
que casi no recordaba
y he salido de la cama
he puesto la tele y había un partido
y Mendieta ha marcado un gol
realmente increíble
y me he puesto triste
el momento justo antes de irme.
Había quedado de nuevo a las diez
y he bajado en la moto
hacia los bares de siempre
donde quedaba contigo
y no hacía nada de frío
he estado con Erik hasta las seis
y nos hemos metido
cuatro millones de rayas
y no he vuelto a pensar en ti
hasta que he llegado a casa
y ya no he podido dormir
como siempre me pasa

viernes, 12 de septiembre de 2008

Putas incongruencias


Aquí estoy. Tocando la puta guitarra. Y como no encontraba mi púa, pues he cogido lo que tenía más a mano, mi puta tarjeta de la Seguridad Social. ¡Y qué bien suena la puta guitarra! Como disfrutan mis oídos escuchando la puta tarjeta romperse. Y ahora viene uno de esos rasgueos potentes, y las cuerdas se rompen y saltan propinándome latigazos en los ojos. Pero ¡bah!, no es dolor comparable con el placer que produce escuchar la puta tarjeta desintegrándose.

Desearía tener la pata de palo para prenderle fuego. Ver como arde lentamente. Sin embargo tengo esta puta pierna de carne y hueso con la que no puedo hacer nada. Bueno sí, puedo contemplarla impotente mientras repito la palabra “puta” 100 veces seguidas.

Todo un puto verano a la luz de un puto flexo para nada. Todo el puto verano encerrado entre libros escritos por cabrones con cáncer de próstata y putas viejas menopáusicas para oír frases como esta: “Si me hubieras asistido a clase te hubiera ayudado”. Pero yo sé que como de verdad me hubieras ayudado es metiéndote un palo por el culo y sacándotelo por la boca, y luego cogieras ese palillo que siempre usas después de comer para sacarte las mierda de entre los dientes.

¿Dónde están aquellos veranos de bicicleta? ¿Dónde están aquellos veranos de “sollaúras” en las rodillas y “rozaúras” en los codos? Benditos aquellos veranos de cigarros a escondidas y pajas en el pajar, y valga la puta redundancia.

Me veo con la puta soga al cuello. Una mixtura explosiva de trágicos factores. Un puto cúmulo de adversidades. Pero no seamos cínicos. Tampoco dramaticemos. Cada uno tiene el expediente académico y las piernas que se merece. Yo soy el jilipollas al que le ha tocado la puta combinación fatídica de ambos. Pero el puto mundo no se acaba. Doy un par de hostias a la pared hasta que me duele la mano. Sigo repitiendo la palabra “puta” hasta quedarme sin voz y escucho como la puta tarjeta de la seguridad Social termina por resquebrajarse. Y huelo a humo. Pero no es mi pierna lo que arde, sino los putos apuntes de Derecho mercantil que se consumen rápidamente. ¡Ostia Puta!

Parece que el puto nudo de la garganta va bajando poco a poco.

¡Puta! ¡puta! ¡puta! ¡puta! ¡puta! ¡puta!...

Putas incongruencias.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Horas de humo

“Y todavía estoy ensayando para estar preparado en el momento en que me atreva a estar cerca de ti”
........

Decían que era un hombre solitario. Que gustaba de fumarse un puro mientras veía la caída del sol sentado en el porche de su casa. Allí te lo podías encontrar todas las tardes, sentado con su puro. A solas con el humo.

Decían que era un hombre solitario. No muy dado a la conversación. Que prefería el silencio a las típicas conversaciones intrascendentales. Solo abría la boca para aspirar aquellas largas bocanadas de humo.

Decían que era un hombre solitario. Que gastaba sus horas fumando. Aquellas horas de humo.

........